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Felix Varela, maestro de revolucionarios

La Orden Real de Fernando VII prohibiendo El Habanero resume el carácter independentista del Padre Félix Varela (1788-1853), aunque no es el único ejemplo: Dice el documento en cuestión. "(... ) Exmo. Sr. Ha llegado la noticia del ntro. señor que el presbítero don Félix Varela, ex diputado de las llamadas Cortes y refugiado actualmente en los Estados Unidos de América, está publicando en aquel país un folleto titulado El Habanero en que no contento con exitar a los fieles vasallos de S.M. a la rebelión, lleva la osadía al punto de querer vulnerar el sagrado carácter de su legítimo soberano.

"En consecuencia, se ha servido S.M. resolver lo comunique a V.E. para que tomando el Consejo las oportunas medidas, cuide con la mayor eficacia de impedir la introducción en la Península e islas adyacentes del indicado folleto, etc. De real orden, etcétera".

La Respuesta de Varela en su periódico El Habanero: Reflexiones sobre la Real Orden anterior, tomando solo unas líneas, define con creces el pensamiento independentista del presbítero. Responde el autor de El Habanero, tajantemente, que está muy lejos de mirar a Fernando VII como su legítimo soberano.

Sería incompleto el conocimiento, siquiera simple, de la historia de Cuba sin estudiar al Félix Varela, hombre; al Varela religioso; al Varela patriota independentista.

Ha de sobrecogernos a todos los cubanos ver dentro de una sobria vitrina la urna que guarda los restos de este fundador. El sencillo monumento es lo más solemne de todo cuanto hay en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Aunque ese objeto material es solo un símbolo de la grandeza patriótica, intelectual y religiosa de Varela, que debe aprehenderse de sus escritos y su vida.

Caprichos sabios del destino: Félix Varela murió el 25 de febrero de 1853, apenas un mes después del nacimiento de José Martí. No es una cábala, pero podemos asumir que José Martípara su tiempo más contemporáneoes una continuación histórica, un relevo singular.

En los tiempos juveniles de Varela se hablaba de tierra, pero no de patria, asumiendo a esta última como aquel lugar donde nació y no la metrópoli de ultramar que sojuzgaba a Cuba.

Varelahijo de don Francisco Varela, oficial español y María Morales Medina, de Santiago de Cuba— asumió su Cátedra de Filosofía en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, en 1811, a los 23 años. Y desde ella divulgó la ciencia, propagó las ideas de la razón abordando a Descartes, hasta entonces algo impensable, y anticipó otras ideas, además de usar la lengua materna, el castellano, en vez del latín, con sólidos e irrevocables argumentos, "según el juicio de los mejores sabios, y no precisamente por el deseo de innovar" que expone en el Prefacio a sus Instituciones de moral.

Fueron muchos los "atrevimientos" de Varela para su tiempo, y ya en 1830 se le estrechó el cerco, cerrándole todos los caminos posibles, incluso en su carrera eclesiástica en la cual desempeñaba de manera impecable y ferviente el dogma humanista de la conducta moral cristiana. Según sus historiadores, en los informes confidenciales de los años 30 del siglo XIX, lo llaman "mal español y peor eclesiástico" porque "ha mantenido relaciones íntimas y criminales con varios de los principales agitadores de los trastornos y desórdenes que afligen los dominios de S.M. en América".

Gracias a su amistad con el Obispo Católico de Nueva York, mister Dubois, que intercede a favor suyo en Roma, encontrará un espacio para su fe, no obstante, la Metrópoli interfiere. Mucho esfuerzo le costaría, tristeza y despliegue de inteligencia defender sus fueros religiosos a favor de los niños, los indios y los pobres en Nueva York, y también, a los más necesitados en San Agustín de la Florida.

En cuanto a su convicción independentista, luego de los fracasos de las Cortes que le costó sinsabores, él mismo expuso entre los años 1824-1825, temprano en el tiempo, tres principios fundamentales en cuanto a la independencia de la Isla: Que Cuba no podía esperar de los gobernantes españoles la concesión de mejoras y reformas políticas porque estos no estaban en condiciones de dar a su colonia lejana lo que eran incapaces de instaurar en la propia metrópoli. Que eran los cubanos los que, mediante un extraordinario esfuerzo revolucionario, debían conquistar justicia y libertad, emancipándose previamente de España. Que no era recomendable que se esperase en la isla la fructificación de los proyectos revolucionarios a favor nuestro de otros pueblos recientemente emancipados, sino que la revolución debía fomentarse y desenvolverse dentro de Cuba y por el propio y único esfuerzo de los cubanos.

Fue tan puro y profundo su amor por la independencia que declara: "Los americanos (claro que se refiere al continente) nacen con el amor a la independencia. He aquí una verdad evidente. Aun los que por intereses personales se envilecen con una baja adulación al poder, en un momento de descuido abren el pecho y se lee Independencia".

En un estudio profundo que hace sobre Félix Varela, Emilio Roig de Leuchsenring, este extraordinario historiador expone: "(... ) Varela debe ser considerado, no solo un maestro de revolucionarios y precursor de la independencia cubana, sino también ciudadano de América, por su desbordado amor a la gran Patria continental, la exaltación de las virtudes de sus pueblos y su fervoroso y comprensivo apostolado americanista".

Félix Varela era un estorbo para las metrópolis. Luego de los triunfos de las guerras de independencia en la gran Colombia, cuando ya ha sido derrotado el ejército español en Perú y está libre toda América, dice Varela: "en La Habana solo se trata de perseguir a mi pobre Habanero, y de mandar a asesinar a su autor (... ) se ha hecho una suscripción para pagar asesinos que ya han encontrado y que deben venir de la Isla de Cuba a este país sin otro objeto que este asesinato. La noticia es dada por personas de quienes no puede dudarse, y además tiene otros antecedentes que la confirman (... ) ¡Miserables! ¿Creéis destruir la verdad, asesinando al que la dice? ¡Ah!, ella es superior a todos los esfuerzos humanos y un recurso como el que habéis tomado solo sirve para empeorar vuestra causa (... ) Yo podré morir a manos de un asesino pero aseguro que no ganaréis mucho". Y más escribió sobre el hecho en el suplemento número tres de El Habanero.

Mucha tinta se ha gastado aclarando una frase, esa de que Varela nos enseñó (a) pensar o nos enseñó (en) pensar. Aunque es válido para cualquier historiador, y saludable esa minuciosidad, no es menos cierto que, al fin y al cabo, lo más importante es conocer y propagar sus pensamientos y acciones, en un tiempo de albores, de semilla aún sin germinar como el que le tocó vivir.

La obra de Félix Varela es rica en temas pedagógicos y cristianos. En otros géneros no se limita a El Habanero, recordamos, al vuelo, Cartas a Elpidio o la novela Jicoténcal (1826) sobre la conquista de México por Hernán Cortés. Sobre esta obra la bibliógrafa Araceli García Carranza admite que es la primera novela histórica que se escribió y publicó por un cubano. La profesora Ana Suárez Díaz acaba de publicar por la Oficina del Historiador de la Ciudad, Colección Raíces, un fabuloso estudio sobre la vida y la obra de Varela, que hace énfasis en su largo exilio en Nueva York —como el de José Martí—, y su muerte en San Agustín, muy pobre y enfermo. Justamente murió donde había ido a vivir, como niño huérfano, al amparo de su abuelo cuando la Florida era española. Las investigaciones de la autora registran que un discípulo de Félix Varela, Lorenzo de Alló, se impresionó por el estado de abandono y de pobreza en que se encontraba un Varela aún lúcido. Ya no podía leer porque estaba casi ciego y la inestabilidad del pulso le impedía escribir. Su delgadez era extrema. Había dejado la Iglesia de la Transfiguración donde trabajaba como un santo con los pobres en Nueva York, azotado por la dureza del clima en el invierno. Los nombres de quienes lo vilipendiaron se extinguieron en el marasmo del tiempo. Él vive para siempre en su obra patriótica, literaria y piadosa.

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